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¿Cómo le explico que tiene altas capacidades?


Una vez que tenemos el informe de detección de altas capacidades, podemos dudar sobre cómo contárselo a nuestros hijos e hijas. Sobre este tema reflexiona en esta ocasión Mónica Cerrada, psicóloga, especializada en altas capacidades, madre de dos peques con altas capacidades y responsable de PsicoEducaOn. Puedes contactar con ella escribiendo a PsicoEducaOn@gmail.com.



¿Se lo contamos o no?


En primer lugar podemos preguntarnos ¿Es necesario explicar al niño/a o adolescente su condición?


Podríamos pensar q solo con saberlo nosotros como adultos sería suficiente para poder ayudarlo, sin embargo, es importante que sea consciente del porqué de su diferencia, porque como apuntábamos en un post anterior: ellos mismos se saben diferentes.


Explicárselo le permitirá comprenderse y aceptarse como es, tanto con sus grandes potencialidades como identificando sus características personales y/o vulnerabilidades de una forma más profunda y concreta.


Cómo se lo podemos contar


Hemos de encontrar un espacio tranquilo y donde no haya distracciones, un momento en que podamos prestar atención plena a lo que vamos a explicar y acoger todas sus preguntas y/o dudas.


Para ello es muy importante que hayamos recorrido el informe de una manera amplia y hayamos reflexionado sobre nuestro punto de partida al respecto de las altas capacidades y la nueva información recibida y asimilada, nuestros prejuicios al respecto y si tenemos dudas o escepticismo en alguno de los apartados.


Es especialmente importante ser honestos al transmitir la información y que nuestra comunicación verbal y no verbal sea coincidente, de tal forma que perciban su condición como algo positivo, no como un lastre o un infortunio.


Cuando hablemos con el peque nos aseguramos de hacerlo siempre en función de su nivel madurativo y atendiendo a sus reacciones verbales y no verbales.


Qué mensaje transmitir


En relación al propio informe que nos han facilitado le explicaremos sus altas capacidades como potencial que hay que nutrir para que pueda llegar a su máxima expresión.


Podemos usar la metáfora de un vaso que llenamos de agua, siendo el vaso nuestro cerebro y el agua cuánto lo nutrimos, comparando la capacidad de nuestro vaso con otro de menor capacidad, pero que hay que nutrir para que ese potencial se desarrolle. De nada nos sirve tener un vaso con más capacidad si lo llenamos como el de menor capacidad.


Además, explicaremos que su cerebro funciona de manera distinta a la mayor parte de las personas. Eso no le hace ni raro, ni mejor ni peor, y sí diferente en aspectos tales como la rapidez en aprender, la enorme creatividad, la gran capacidad de observación o el pensamiento divergente. Su inteligencia no es solo su cociente intelectual, va mucho más allá y tiene que saberlo.


Haremos hincapié en sus potencialidades y sus fortalezas, tal como nos hayan reflejado los profesionales en el informe y le explicaremos las áreas concretas de dichas fortalezas.


También explicaremos las posibles vulnerabilidades como elementos a trabajar y a los que necesitaremos estar atentos para ayudarle a manejar y mejorar (por ejemplo, la alta emocionalidad), siempre abriendo la posibilidad de buscar ayuda si es necesario.


Para concluir, tendremos que reflexionar sobre a quién más queremos contárselo. Es algo que también podemos hablar con él o ella, podemos decidir juntos si se lo diremos a sus hermanos, abuelos, entorno cercano…


En definitiva, ante la pregunta de: ¿se lo digo o mejor no? La respuesta es clara. Sí, debemos decirselo ya que conocerse es fundamental para poder entenderse y quererse.

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