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Tenemos que hablar…. del efecto de las pantallas en nuestra salud y bienestar (y sobre todo en la salud de nuestros peques)



Con motivo del Día Mundial de la Salud, resolvemos todas las dudas sobre este tema espinoso con Mónica Cerrada, psicóloga especialista en acompañamiento a familias con peques con altas capacidades y responsable del proyecto SLOW Psicología, que acaba de poner en marcha. Podéis contactar con ella en hola@slowpsicologia.com o a través de su página de LinkedIn. En esta entrevista, Mónica nos brinda información muy fundamentada en artículos científicos sobre los riesgos del uso de las pantallas en la salud de nuestros hijos e hijas y propone pautas para educar sobre este tema desde el conocimiento, la firmeza, el diálogo y la amabilidad.


¿Qué dirías a padres y madres preocupados porque a sus hijos solo les interesan las pantallas?


Les diría que hay motivos para estar preocupados porque los estudios confirman que cada vez son más las horas que nuestros/as hijos/as pasan delante de pantallas o dispositivos y, además, cada vez a una edad más temprana, incluso antes de los 2 años de edad.

 

¿Pero qué entendemos por pantallas? Entendemos por pantallas tanto ordenadores, tabletas, teléfonos móviles inteligentes, televisión y/o videoconsolas con el correspondiente acceso a contenidos digitales, vídeos o plataformas de streaming, internet, redes sociales, comunicación y videojuegos.

 

Según el estudio anual de la plataforma de control parental online Qustodio, publicado en enero de este mismo año 2024, los menores de entre 4 y 18 años dedican cuatro horas al día a las pantallas, sin contar la exposición que puedan tener en el colegio o el instituto. En la encuesta han participado más de 400.000 familias de España, Francia, Reino Unido, Estados Unidos y Australia.

Asimismo, UNICEF en el informe publicado en 2021 bajo el título Impacto de la tecnología en la adolescencia, relaciones, riesgos y oportunidades también se hace eco de estas mismas estadística, ciñendo su estudio al territorio nacional, indicando que la edad media de acceso al primer móvil propio en 10,96 años.

En cualquier caso, tenemos una buena noticia, y es que siempre hay margen de maniobra y estamos a tiempo de revertir la situación, lo que implica disminuir el tiempo de exposición a las mismas. Eso sí, para ello se necesita de un poco de esfuerzo y atención por parte de los adultos al cargo.


Desde la psicología, ¿qué efectos se ha descubierto que tienen las pantallas en nuestros hijos?


Los más recientes estudios en este sentido indican que el incremento en el uso de las pantallas está relacionado con cambios en el comportamiento de nuestros peques en diferentes áreas:

 

En la salud física destacarían un mayor sedentarismo, mayor ingesta calórica y mayor riesgo de una dieta poco saludable con los problemas de obesidad asociados. Asimismo se observan dolores de espalda o lesiones provocadas por posturas inadecuadas y fatiga visual. Por último, y diría que incluso más importante, se ha observado que el uso de pantallas antes de dormir repercute en dificultades para conciliar el sueño y fragmentación del mismo por la interferencia de la luz que emiten las pantallas en la secreción de melatonina (hormona del sueño).

 

En la esfera cognitiva y conductual se aprecian retrasos en la adquisición del lenguaje y menor amplitud de vocabulario y corrección en el uso gramatical, problemas de atención, control de impulsos, disminución en la memoria de trabajo e incluso asociación con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad en adolescentes.

 

En la esfera social se ha observado una disminución en la interacción intrafamiliar, menor interacción en la vida real y el tipo de conexiones que establecen con sus pares son de menor profundidad emocional. Se exponen a situaciones de acceso temprano a contenido inadecuado como es la pornografía, normalizando una manera de entender las relaciones muy dañinas para una intimidad emocional saludable.

 

Podéis encontrar más información en los siguientes artículos científicos: Cain, Leonard, Gabrieli & Finn, 2016: “Media multitasking in adolescense” ; Ophir, Nass & Wagner, 2009: “Cognitive control in media multitaskers”; Uncapher, K. Thieu & Wagner, 2016: “Media multitasking and memory: differences in working memory and long time memory”; Uncapher & Wagner, 2018: “Minds and brains of media multitaskers: current findings and future directions”)

 

En resumen, vamos a tener hijos/as que van a sentirse más cansados, menos satisfechos en el cole o instituto, más irascibles, impacientes, dispersos y con más tendencia a sentirse frustrados. Sumado a esto, su deficiencia con el lenguaje y el vocabulario les va a llevar a comunicaciones más pobres, no solo entre ellos sino también con nosotros, estableciendo así relaciones superficiales. De esta forma, se hace más difícil que un joven con un problema sea capaz de transmitirlo a sus amigos o comunicarlo a sus padres. Esto debido a que los mimbres de su autoconcepto se están tejiendo con falta de seguridad y de pertenencia auténtica.

 

En peques con altas capacidades, ¿qué efecto específico tienen? 

No conozco que haya estudios diferenciales sobre el tema, pero me parece que, teniendo en cuenta lo importante que es la interacción personal y las dificultades que suelen tener de socialización estos peques, esto se puede convertir en un factor de riesgo potencial dado que se podrían refugiar en las pantallas para compensar este déficit. También veo un riesgo potencial en la “supuesta multitarea” que se asocia a la alta capacidad, puesto que es una falacia, y les lleva a procrastinar y dispersarse.

 

¿Cómo reconducir la situación si vemos un preocupante nivel de enganche en nuestros hijos?

El acompañamiento que se haga y la interacción parental en este sentido es tan crucial en ésta como en otras situaciones de crianza que suponen un desafío y, por tanto, una oportunidad de crecimiento familiar.

 

En primer lugar, es muy importante hacer conscientes a nuestros hijos sobre los riesgos que las pantallas pueden tener sobre nuestra salud (ya mencionados). Y, por supuesto, incidir en aquello que están dejando de experimentar por el hecho de pasar tantas horas delante de una pantalla (situaciones reales con personas de carne y hueso que son imprescindibles para un adecuado desarrollo psicoemocional), porque no se trata sólo del tiempo que están en la pantalla, sino de todo aquello que “se están perdiendo”.

 

En segundo lugar, tendríamos que establecer acuerdos en los que todos propongamos soluciones alternativas respetuosas para todos (en la última pregunta proponemos algunas ideas). La imposición de normas, los castigos o los premios a este respecto sólo serán generadores de conflictos entre los miembros de la familia y serán soluciones momentáneas a una realidad familiar que genera, a menudo, frustración y enfado.

 

En tercer lugar, los adultos tenemos que saber y ser conscientes de cuáles son las repercusiones reales del uso desmedido de pantallas y hacernos cargo de evaluar la medida real de este nivel de enganche y, si es necesario, pedir ayuda a un profesional especializado en salud mental. (Hay un buen termómetro sobre este punto en el documento colgado en el Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad)

 

 

¿Qué pautas crees que podemos poner de manera respetuosa en casa de acuerdo con los hallazgos en neurociencia sobre el efecto de las pantallas en nuestros hijos? (Edades, tiempo…)

 

Si nos ceñimos a las recomendaciones de algunas asociaciones pediátricas, la AAP (ASOCIACIÓN AMERICANA DE PEDIATRIA) mantiene una recomendación de “cero pantallas” en los 18 meses de edad. Entre los 2 y los 5 años, el consumo debería ser menos de una hora diaria y siempre bajo la estrecha supervisión de un adulto al cargo y que asegure los contenidos de alta calidad.

 

Según la Sociedad Canadiense de Pediatría se debe evitar la exposición a las pantallas para los niños menores de dos años, menos de una hora al día para los peques entre 2 y 5 años y mantener unos cuidados concretos adicionales mientras están en contacto con pantallas mediante la supervisión estricta de los contenidos y el acompañamiento del menor.

 

Según la Asociación Española de Pediatría, en su “Plan Digital Familiar”, las recomendaciones de los 0-2 años son cero pantallas, y de los 3 a los 5 de menos de una hora con supervisión y acompañamiento adulto.

 

De los 6 años en adelante tendremos que ir evaluando hasta qué punto queremos exponer a nuestros hijos a las pantallas y siempre asegurando la calidad de tiempo frente a las mismas:

-    Contenidos únicamente educativos.

-    Películas familiares.

-    Evitar siempre las aplicaciones rápidas, con estimulación, golpe de click o deslizar pantalla que conllevan un golpe de dopamina.

-    Promover espacios familiares tanto de reflexión como de aburrimiento para que tengan la oportunidad de autorregularse y conocer sus emociones con nuestra ayuda.

 

La mejor manera es trabajar con nuestros hijos en la psicoeducación; es decir, en hacerles partícipes de las posibles consecuencias negativas del uso desproporcionado de las pantallas y de su abuso. Por supuesto, en los primeros años de vida, es necesario proporcionarles experiencias reales de aprendizaje donde se relacionen, jueguen activamente y se expongan a situaciones de aprendizaje en interacción real con personas de su entorno, que es para lo que biológicamente estamos programados.  Cuando trabajamos desde la infancia en estos temas es mucho más sencillo llegar a soluciones respetuosas en la adolescencia y, llegados a ese punto, preguntarnos: ¿cuándo queremos poner en sus manos el primer dispositivo digital propio?, ¿es realmente necesario?, ¿qué uso se le va a dar?, ¿con qué propósito?, ¿hay otras alternativas posibles?

 

«Lograr la salud para todos significa hacer lo mejor para la salud desde el inicio de la vida de las personas», dice el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS.

 

La adicción a las pantallas afecta a toda la familia, ¿qué pautas podemos ponernos los adultos para dar ejemplo?

 

Efectivamente esta situación nos afecta a todos, adultos y niños/as. Por eso es tan importante que seamos ejemplo de aquello que queremos modelar. Como siempre digo, es más importante lo que hacemos que lo que decimos. Y es importante que haya congruencia entre ambos mensajes (es decir, entre el mensaje verbal y el no verbal o conductual).

De tal forma, podemos pensar y consensuar con nuestros peques desde el enfoque en soluciones que pongamos en práctica todos:

 

-    Lugar de aparcamiento de móviles durante el tiempo en casa, limitando su uso para momentos concretos y en lugares específicos del hogar (limitar su uso en el baño y habitación)

-    Comer y cenar sin pantallas, dedicando tiempo a la conversación entre los miembros de la familia.

-    No utilizar dispositivos al menos una hora antes de irse a dormir.

-    Ser ejemplo de utilizar el tiempo libre en actividades sanas como la lectura o el deporte.

-    Pasar tiempo en familia y atender las necesidades de los peques desde la presencia y la atención a sus inquietudes.

-    Proponer tiempo de pantallas con un propósito lúdico común (ver pelis en familia, documentales y/o contenidos de calidad educativa con el propósito de promover el diálogo sobre lo visto).

-    Promover tiempo en el exterior y juego libre con otros chicos/as de la misma edad, mientras nosotros estamos en actitud de escucha hacia los otros adultos (nada de móviles).

 

El plan digital familiar de la AEP (Asociación Española de Pediatría) nos propone, además, cumplimentar el plan digital familiar para el cumplimiento y compromiso de todos, haciendo una revisión y actualización del mismo de manera periódica.

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